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Eres el poema más bonito jamás escrito.

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Eres el poema más bonito jamás escrito. Te rozo, poro por poro, leyéndote con las manos. Te beso, como si pudiera a saborear cada una de tus tildes. Te susurro, como si fuese un poema y quisiera mezclarme con tus versos. Y no soy, no soy más de lo que pides, no soy más de lo que esperas. Soy un simple poema que ha coincidido contigo en la cara opuesta de tus hojas, y no sé si llegare a ser. Quizás... Coincidimos en un nuevo libro,  o quien sabe... Si tú estarás al comienzo de las hojas, y yo, me quedaré al final.

Mátanos.

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Te disfrazas de versos para colarte hasta en mis hojas, pasas por mi mente, desnuda, provocando mis deseos, desatando mi cordura. Me desnudas a besos para hacerme el amor una y otra vez Con miles de te quieros. Sonríes con esa dulzura que me vuelve loca y tienes unas manos que recitan, solo con rozarme, mi poema favorito.

Mariu.

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La besé como jamás besé a nadie, como si hubieran pasado años entre sus labios y los míos, con miedo a no poder volver a hacerlo. Recorrimos con miles de sonrisas recuerdos amargos, sin darnos cuenta retrocedimos a noches infinitas, donde nos rompimos en pedazos una y otra vez (pero esta vez sin tanto dolor). Ella sonreía, yo la miraba con esa sonrisa de tonta que siempre me provoca -Estaba preciosa-. Me agarré a sus caderas como si fuese a caer en cualquier momento, como si fuese a irse cuando ni siquiera había decidido hacerlo. Me perdí en su pelo, recordando el olor a té del primer lugar al que intentamos ir, el sabor de sus labios cuando la besé por primera vez, el tacto de su piel aquellas noches de sexo, hasta el sonido de su voz cuando susurraba que la abrazara. Pasaron las horas como si fuesen minutos (nunca deseé tanto que se parase el tiempo). Maldita sonrisa, me vuelve loca. Me desnuda, me hace temblar, me llena de vida, me vuelvo valien...

Inspira(nos).

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Pasa a mi lado su sonrisa, contengo las ganas de besarla hasta la respiración. Me mira, y pierdo el culo por sus ojos. Ando despacio, enredándome en la primavera de sus labios, donde le susurro, entre verso y verso, que es preciosa y que los días son más bonitos si me rozan sus caderas.

La noche en tu ombligo, no es noche, es un reloj sin manecillas que me digan cuando debo dejar de besarte.

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Johann Bouché-pillon  Rodamos en la cama a las cinco de la mañana, es la hora perfecta para despertarte gimiéndote al oído lo mucho que te quiero. Recorres con tu aliento cada poro de mi piel, me retuerzo en mil caricias cuando las sabanas terminan donde están mis miedos, arrugadas en el suelo de la habitación. El Tic-Tac del reloj se para cuando llego a tu ombligo, las manecillas pasan a ser mis manos y el único tiempo que necesitamos es el que se mide con tus miradas. Ahora somos el universo, todas las sonrisas, todos los te quieros. Somos todo lo que queramos ser durante unos segundos. Yo decido ser caricia y colarme por tu camiseta cada cinco de la mañana para ser contigo el gemido que susurre: Ya está amaneciendo.

No pretendas disfrazarte de sol siendo un maldito huracán.

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Pasan las horas, como un tren descarrilado sin control. Tus no palabras duelen, como si aún fuese invierno y yo estuviese desnuda esperando a que entraras en la cama. Eres la puta tormenta que aparece cuando cierro el paraguas, me calas hasta el pecho retumbando dentro como queriendo gritarme. Te ignoro pero, joder, como dueles. Mis sentidos cambian y el tacto no es tacto si no rozo tu piel, la vista no es vista si tus caderas no se clavan en mis pupilas y, joder, el oído no escucha si no susurras en mi cuello. No te fuiste, te eché yo a patadas. No soportaba más el invierno a tu lado, que contigo la primavera huye, que eres el jodido frío que no desaparece. Tus no palabras duele, pero tus palabras  dolían más.

Lates en el lado izquierdo.

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Llega, como ese sol que se asoma en los días más nublados. Me mira. No tengo palabras, ella son todos los versos y todas las letras que necesito. Me roza con sus labios, como quien besa a un recién nacido, siempre como la primera vez, con cuidado de no estrujarme. Tiene la mirada más bonita que jamás me habló, y no lo digo yo, lo dice mi piel que se eriza cuando ella la mira y mis manos, que se deslizan solas por su cuello como si quisieran hablarla. Eres preciosa. Se ha ido ya y, aún la siento a mi lado, su  olor se ha clavado en mi piel. -Y para qué mentir, me encanta. Que me salva una y otra vez cuando pasan sus caderas por mi lado con esa seguridad de que voy a mirarlas y se me caerán las bragas. -Que razón tienen, menudas caderas joder, menuda sonrisa , y qué mirada. ¿Como no voy a quererla?, si solo escribirla hace que muera de ganas de acercarme y susurrarla: -Quiero hacerte el amor todos los días de mi vida. Que quiero tatuarle el cue...

Cuando me desgarra la lengua, escribo todo eso que no me deja escupirle.

Poesía son tus besos, tus caricias, tu odio, tu alegría, tu rabia, tu amor, y pasa de ser poesía, a ser invierno sin tu voz.

Nunca es siempre.

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Caerá, caerá, caerá caerá, caerá, caerá. No, no cayó.

Quiéreme o sal corriendo.

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Mariam Sitchinava No te conocía aún y ya sentía que serías todo para mí,  lluvia en verano y ese sol tan precioso en los días nublados. Eras las miles de sonrisas que aún no había tenido, los miles de sueños que ya sabía que crearías,  y las mil ciento treinta y tres veces de besarte que tenía Solo dos segundos después. Tu aún no lo sabías pero eras, y eres, única para mí. Tendrás el don de dejarme sin palabras con un te quiero, me llevarás a París recostada en tus piernas, me enseñarás lo maravilloso que es besarte bajo las mejores lunas y perderé la noción del tiempo besando tus caderas. Aún no nos hemos presentado, yo soy Jennifer, encantada.

Me encanta comer cristales.

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Jean Bedez. Hoy la noche me escupe más que nunca tu recuerdo. La cama te nombra y me golpea tu olor para que no los ignore. -A los recuerdos claro-. Desvarío, te doy las buenas noches en susurros, como si me escuchases y fueras a contestar, como cuando susurraba en tu espalda que te girases y me besaras. -Lo hacías-. Tus labios recorrían mis miedos, mis te quieros, tus dedos se juntaban con los míos -tanto que se perdían- y mi cuerpo se amoldaba al tuyo en cien gemidos. Maldita la luna que nos miró cada noche, maldita su luz que iluminaba tu jodida sonrisa y tus dulces palabras, porque hoy me ilumina el lado del colchón que aún te pertenece, para recordarme, por si me olvido o quiero olvidarme, de que ya no estás.

TÚ. Yo. Nada.

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Edouard de Pazzi Como caen las flores marchitas, como un río sin agua, como un niño sin sonrisa, como un amanecer sin sol. Como yo sin ti. Como yo contigo.

Nos perdimos.

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Fernando Vicente Que los versos que te besen sean los versos de mis manos que disparen contra ti rimas de sabor amargo, mas si el amor es sincero que mis manos sean tus manos  y mis versos tus esclavos .

Yo.

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Fernando Vicente Flor. Ruina. Día. Gorrión. Sol. Noche. Viento. Guerra. Yo.

¿Navegamos?

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Ayako David Kawauchi Voy a detener el tiempo escondido en tus caderas, a navegar en tu cintura sin parar en tierra. Voy a guardarme tus besos por si aprieta la marea por si pierdo el rumbo y no me buscas.

Caos

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Detuvimos demasiadas veces el caos que nos ahogaba, le partimos la boca un millón de veces, casi tantas como nos quitamos la ropa. Paramos el tiempo con caricias imposibles con cien lunas y mil amaneceres . Te quise y me dejé querer pero el invierno vino como un kamikaze, que arrasaba con todo, y nosotras, que dejamos de mirar los amaneceres  para pasarlos en casa dándonos la espalda, dejamos correr el tiempo y no supimos pararlo. Supongo que fue el verano,  que empezó como un invierno, o nosotras que cambiamos las caricias  por un maldito reloj.