La noche en tu ombligo, no es noche, es un reloj sin manecillas que me digan cuando debo dejar de besarte.
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| Johann Bouché-pillon
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Rodamos en la cama a las cinco de la mañana,
es la hora perfecta para despertarte gimiéndote al oído
lo mucho que te quiero.
Recorres con tu aliento cada poro de mi piel,
me retuerzo en mil caricias cuando las sabanas terminan donde están mis miedos,
arrugadas en el suelo de la habitación.
El Tic-Tac del reloj se para cuando llego a tu ombligo,
las manecillas pasan a ser mis manos y el único tiempo que necesitamos
es el que se mide con tus miradas.
Ahora somos el universo, todas las sonrisas, todos los te quieros.
Somos todo lo que queramos ser durante unos segundos.
Yo decido ser caricia y colarme por tu camiseta cada cinco de la mañana
para ser contigo el gemido que susurre:
Ya está amaneciendo.

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