Detuvimos demasiadas veces el caos que nos ahogaba, le partimos la boca un millón de veces, casi tantas como nos quitamos la ropa. Paramos el tiempo con caricias imposibles con cien lunas y mil amaneceres . Te quise y me dejé querer pero el invierno vino como un kamikaze, que arrasaba con todo, y nosotras, que dejamos de mirar los amaneceres para pasarlos en casa dándonos la espalda, dejamos correr el tiempo y no supimos pararlo. Supongo que fue el verano, que empezó como un invierno, o nosotras que cambiamos las caricias por un maldito reloj.