Para hombres cobardes, mujeres valientes.
He buscado mis brazos hasta perderme en mí, y para mí. El gritar de mi nombre retumbaba en mi garganta hasta romper el eco en mi cabeza, arañar mis pulmones y romper mis ventanas. Me golpeo una y otra vez sobre el mismo pasado, que está y no pretende irse. Me insisto en la mentira de mi misma y, termino aceptando la mentira creada. Aparto cada fragmento de literatura considerada basura si logra acercarse a mi definición. Soy el anexo de un yo paralelo, que no es capaz de reconocerse en el espejo. Tengo demacrado el pensamiento de evitar pensarme. Soy el epicentro de un desastre que se aproxima con el paso de los daños y aún conociendo su existencia, soy consciente y lame...