Mariu.
La besé
como jamás besé a nadie,como si hubieran pasado años
entre sus labios y los míos,
con miedo a no poder volver a hacerlo.
Recorrimos con miles de sonrisas recuerdos amargos,
sin darnos cuenta retrocedimos a noches infinitas,
donde nos rompimos en pedazos una y otra vez
(pero esta vez sin tanto dolor).
Ella sonreía,
yo la miraba con esa sonrisa de tonta
que siempre me provoca
-Estaba preciosa-.
Me agarré a sus caderas
como si fuese a caer en cualquier momento,
como si fuese a irse cuando ni siquiera había decidido hacerlo.
Me perdí en su pelo,
recordando el olor a té del primer lugar al que intentamos ir,
el sabor de sus labios cuando la besé por primera vez,
el tacto de su piel aquellas noches de sexo,
hasta el sonido de su voz cuando susurraba que la abrazara.
Pasaron las horas como si fuesen minutos
(nunca deseé tanto que se parase el tiempo).
Maldita sonrisa,
me vuelve loca.
Me desnuda,
me hace temblar,
me llena de vida,
me vuelvo valiente
y me agarro a ella como a un salvavidas.
Porque aún no lo sabe, pero tiene una sonrisa que me salva de los precipicios.
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