Lates en el lado izquierdo.
Llega, como ese sol que se asoma en los días más nublados.
Me mira.
No tengo palabras, ella son todos los versos
y todas las letras que necesito.
Me roza con sus labios, como quien besa a un recién nacido,
siempre como la primera vez, con cuidado de no estrujarme.
Tiene la mirada más bonita que jamás me habló, y no lo digo yo,
lo dice mi piel que se eriza cuando ella la mira y mis manos,
que se deslizan solas por su cuello como si quisieran hablarla.
Eres preciosa.
Se ha ido ya y, aún la siento a mi lado,
su olor se ha clavado en mi piel.
-Y para qué mentir, me encanta.
Que me salva una y otra vez cuando pasan sus caderas por mi lado
con esa seguridad de que voy a mirarlas y se me caerán las bragas.
-Que razón tienen, menudas caderas joder, menuda sonrisa , y qué mirada.
¿Como no voy a quererla?,
si solo escribirla hace que muera de ganas de acercarme y
susurrarla:
-Quiero hacerte el amor todos los días de mi vida.
Que quiero tatuarle el cuerpo de versos que solo ella hace que escriba.

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