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No te escribo a ti.

Escribo, porque escribir es la forma más bonita de romperse. Te escribo, porque me quedo sin tacto de hablarte con caricias. Te escribo, para salvarme, no te confundas. Eres uno de esos monstruo que duermen bajo mi cama. Y joder como asustas a veces, como acojona querer mirar debajo de la cama y no hacerlo por si no estás. Eres esa clase de miedo que no sabes combatir porque en el fondo, no quieres combatirlo. Y vaya putada porque a veces me marcharía y olvidaría hasta tu nombre, dejaría de recordar lo bonita que te pones cuando ríes, pero más, cuando lo haces para mí. Me iría sin maletas, porque en ellas siempre se guarda algún recuerdo, y aunque no quisiera llevarme tus regalos seguramente se colaría tu olor y no hay nada que me duela más que notarte cerca teniéndote a kilómetros. Me olvidaría de ti en totalidad, hacer como que no te he conocido, como si no nos hubiésemos dolido nunca. Me olvidaría de ti, como si pudiese creerme que te olvido. Y te seguiría escribiend...

De cachos. De rotos. De ti.

                                                           Me llenaste de poesía la casa, los cuadernos, los diarios, la agenda, la vida. Y te marchaste, como eso... Como un poema mal escrito en un cuaderno viejo y una hoja manchada. Que arrancas, arrugas y la tiras a la basura para comenzar otro. Ya ves... Como si las hojas no sintieran. Como si pudieses reescribirme a tu antojo.

Eres arte.

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Eres la poesía que recitaría cada noche antes de dormir, verso por verso. Eres la mujer más bonita cuando duermes en mi pecho y te abrazo como si fueses a marcharte en cualquier momento. Pero no sin antes decirte: ¡Eh, me debes un beso! Eres presente y te siento en pasado como si te conociese de antes, como si ya te hubiese besado, pero olvidando lo mucho que me gustaba hacerlo. Eres futuro, incierto por supuesto. Y no es que me quiera adelantar en esto de verte amanecer cada mañana pero tienes unas manos que me tocan y me agarran de la cintura como si pudiese cumplirse. Aún ando intentando descubrir qué enigma guardas bajo tus párpados, bajo ese corazón acorazado de rabia y de dolor. Aún ando recorriendo con mis dedos cada poro de tu piel. No voy a decirte que ya conozco tus lunares por si me dices que deje de besarlos. pero si lo haces... ¡Que sepas que tienes cicatrices! y no te hablo de las que no se ven -Que también las voy conociendo- te hab...

Sálvame del miedo, sálvame de mi.

Tengo tanto miedo de mí que me asusta creerme siendo viento, cuando soy un torrente de psicopatía en forma de sobredosis de rabia, cuando soy un grito gritando en un corazón de latidos mudos. Tengo tanto miedo de mí que no conozco valentía más allá de puñetazos clavados en las paredes, de litros incontables de alcohol con el nombre de recuerdos, de rayas más largas que el vuelo de una falda. Tengo tanto miedo de mí que me duele hasta la piel, cuando me recuerdo siendo oscuridad en noches de tormenta y me vuelvo lluvia para llorarme una y otra vez. Tengo tanto miedo de mí  que me sueño por las noches s iendo pesadillas y por el día, y por la tarde. Así que ponme otra cerveza, que aún es pronto para que me marche a dormir y no sé si ya lo he dicho pero  me acojona soñarme.

Poesía eres tú.

Te hago verso, sabiendo que eres poesía y te creo mía entre línea y línea.

A ti, que no te gustaba la cerveza.

Hoy es día de poesía de cerveza fría  y un cigarro. Hoy es día de que me beses las caderas como si fueses a hacerlo por última vez pero con la intención de no dejar de hacerlo nunca. Hoy es día de susurrarte que si eres miedo me vuelvo valiente y te salvo de los monstruos a besos a versos.

Aprieta el gatillo.

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 Cuando sonríe, siento que 858.000 balas me traspasan el pecho. Noto como una a una entran y salen de mi piel. Es un arma letal que ni siquiera tiembla al usarla. Cuando sus comisuras de los labios se mueven hacia atrás y levanta las mejillas suavemente es como si apretase el gatillo y pudieses escuchar en tu cabeza un: “ Va a sonreír, y no tendré opción de escapar” Y claro… ¿ Cómo te enfrentas hacia algo así?, ¿con un arma que te impide dar un paso hacia atrás y, mucho menos, dos hacia adelante?. ¿con un puto arma que te incita a correr de cabeza a la muerte, aún sabiendo que no podrás dar vuelta atrás, y que será dolorosamente placentero?. Que ya no es que yo sea una suicida, pero, desde que me sonrió, creo que merecería la pena morir por su sonrisa.