Aprieta el gatillo.


Cuando sonríe, siento que 858.000 balas me traspasan el pecho.
Noto como una a una entran y salen de mi piel.
Es un arma letal que ni siquiera tiembla al usarla.

Cuando sus comisuras de los labios se mueven hacia atrás y levanta las mejillas suavemente
es como si apretase el gatillo y pudieses escuchar en tu cabeza un: “ Va a sonreír, y no tendré opción de escapar”

Y claro… ¿ Cómo te enfrentas hacia algo así?,
¿con un arma que te impide dar un paso hacia atrás
y, mucho menos, dos hacia adelante?.

¿con un puto arma que te incita a correr de cabeza a la muerte,
aún sabiendo que no podrás dar vuelta atrás,
y que será dolorosamente placentero?.

Que ya no es que yo sea una suicida,
pero, desde que me sonrió,
creo que merecería la pena morir por su sonrisa. 

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