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Inspira(nos).

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Pasa a mi lado su sonrisa, contengo las ganas de besarla hasta la respiración. Me mira, y pierdo el culo por sus ojos. Ando despacio, enredándome en la primavera de sus labios, donde le susurro, entre verso y verso, que es preciosa y que los días son más bonitos si me rozan sus caderas.

La noche en tu ombligo, no es noche, es un reloj sin manecillas que me digan cuando debo dejar de besarte.

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Johann Bouché-pillon  Rodamos en la cama a las cinco de la mañana, es la hora perfecta para despertarte gimiéndote al oído lo mucho que te quiero. Recorres con tu aliento cada poro de mi piel, me retuerzo en mil caricias cuando las sabanas terminan donde están mis miedos, arrugadas en el suelo de la habitación. El Tic-Tac del reloj se para cuando llego a tu ombligo, las manecillas pasan a ser mis manos y el único tiempo que necesitamos es el que se mide con tus miradas. Ahora somos el universo, todas las sonrisas, todos los te quieros. Somos todo lo que queramos ser durante unos segundos. Yo decido ser caricia y colarme por tu camiseta cada cinco de la mañana para ser contigo el gemido que susurre: Ya está amaneciendo.

No pretendas disfrazarte de sol siendo un maldito huracán.

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Pasan las horas, como un tren descarrilado sin control. Tus no palabras duelen, como si aún fuese invierno y yo estuviese desnuda esperando a que entraras en la cama. Eres la puta tormenta que aparece cuando cierro el paraguas, me calas hasta el pecho retumbando dentro como queriendo gritarme. Te ignoro pero, joder, como dueles. Mis sentidos cambian y el tacto no es tacto si no rozo tu piel, la vista no es vista si tus caderas no se clavan en mis pupilas y, joder, el oído no escucha si no susurras en mi cuello. No te fuiste, te eché yo a patadas. No soportaba más el invierno a tu lado, que contigo la primavera huye, que eres el jodido frío que no desaparece. Tus no palabras duele, pero tus palabras  dolían más.

Lates en el lado izquierdo.

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Llega, como ese sol que se asoma en los días más nublados. Me mira. No tengo palabras, ella son todos los versos y todas las letras que necesito. Me roza con sus labios, como quien besa a un recién nacido, siempre como la primera vez, con cuidado de no estrujarme. Tiene la mirada más bonita que jamás me habló, y no lo digo yo, lo dice mi piel que se eriza cuando ella la mira y mis manos, que se deslizan solas por su cuello como si quisieran hablarla. Eres preciosa. Se ha ido ya y, aún la siento a mi lado, su  olor se ha clavado en mi piel. -Y para qué mentir, me encanta. Que me salva una y otra vez cuando pasan sus caderas por mi lado con esa seguridad de que voy a mirarlas y se me caerán las bragas. -Que razón tienen, menudas caderas joder, menuda sonrisa , y qué mirada. ¿Como no voy a quererla?, si solo escribirla hace que muera de ganas de acercarme y susurrarla: -Quiero hacerte el amor todos los días de mi vida. Que quiero tatuarle el cue...

Cuando me desgarra la lengua, escribo todo eso que no me deja escupirle.

Poesía son tus besos, tus caricias, tu odio, tu alegría, tu rabia, tu amor, y pasa de ser poesía, a ser invierno sin tu voz.

Nunca es siempre.

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Caerá, caerá, caerá caerá, caerá, caerá. No, no cayó.

Quiéreme o sal corriendo.

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Mariam Sitchinava No te conocía aún y ya sentía que serías todo para mí,  lluvia en verano y ese sol tan precioso en los días nublados. Eras las miles de sonrisas que aún no había tenido, los miles de sueños que ya sabía que crearías,  y las mil ciento treinta y tres veces de besarte que tenía Solo dos segundos después. Tu aún no lo sabías pero eras, y eres, única para mí. Tendrás el don de dejarme sin palabras con un te quiero, me llevarás a París recostada en tus piernas, me enseñarás lo maravilloso que es besarte bajo las mejores lunas y perderé la noción del tiempo besando tus caderas. Aún no nos hemos presentado, yo soy Jennifer, encantada.