Llega, como ese sol que se asoma en los días más nublados. Me mira. No tengo palabras, ella son todos los versos y todas las letras que necesito. Me roza con sus labios, como quien besa a un recién nacido, siempre como la primera vez, con cuidado de no estrujarme. Tiene la mirada más bonita que jamás me habló, y no lo digo yo, lo dice mi piel que se eriza cuando ella la mira y mis manos, que se deslizan solas por su cuello como si quisieran hablarla. Eres preciosa. Se ha ido ya y, aún la siento a mi lado, su olor se ha clavado en mi piel. -Y para qué mentir, me encanta. Que me salva una y otra vez cuando pasan sus caderas por mi lado con esa seguridad de que voy a mirarlas y se me caerán las bragas. -Que razón tienen, menudas caderas joder, menuda sonrisa , y qué mirada. ¿Como no voy a quererla?, si solo escribirla hace que muera de ganas de acercarme y susurrarla: -Quiero hacerte el amor todos los días de mi vida. Que quiero tatuarle el cue...